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CUESTIÓN DE CLASE

CUESTIÓN DE CLASE

 

 

Y mientras  la vida política de este país debate sobre independencias y nacionalismos varios, sobre la lealtad al Estado, sobre la identidad , sobre los derechos de los que no tienen ninguno (princípes de las pateras, herederos del hambre), sobre las diferencias culturales y religiosas, sobre las tensiones entre las Autonomias, sobre Gamonales varios, sobre víctimas y desarmes de grupos armados es decir, mientras se debate sobre todo lo que calma a la gente tanto como sobre lo que la solivianta e inflama, en las calles y callejones impera otra ley.

 

Entretanto, yo me dedico a observar a la gente  que iluminada por el pálido sol de Enero picotea algo en las terrazas, vaga entre los puestos de los mercadillos buscando una ganga, sale de los supermercados cargada de bolsas de plástico (malditas sean) y comprendo de repente que en este baile de máscaras se echa a faltar algo. ¿Qué cosa? Nada demasiado importante, apenas un antiguo concepto. Un concepto eliminado de cualquier clase de pensamiento y, muy en especial, del pensamiento político: Y ese concepto es…

El concepto de clase.

 

Porque nos guste o no y aunque parezca mentira, esas gentes que pululan por las calles e incluso esas otras que se sientan en las esquinas detrás de un cartel que dice “No Tengo Trabajo” compartimos  todos la misma clase.

 

Y cuando digo “Todos” quiero decir todos: amas de casa,  marroquíes de tez oscura, bomberos, guardias de tráfico,  kioskeros,  maestros, repartidores de pizza,  jóvenes que hacen horas y horas en las tiendas de ONO  o de Telefónica, los encargados y encargadas de limpiar las calles… todos tienen los mismos gustos, compran los mismos sofás baratos, los mismos juguetes de plástico para sus hijos pero todos – sin excepción – carecen de una conciencia clara sobre su propio ser. Mastican –eso sí -  su santa identidad como si fuese un chicle sin darse cuenta de que se trata sólo de un sucedáneo barato, sin comprender que esto – me refiero a la identidad-  es lo único que van a  poder masticar pues, a estas alturas,  clase lo que se dice clase (alta, media o baja) no queda. Metidos unos y otros en el mismo saco pertenecemos todos a la misma: la de los desclasados.

No me digan que no es triste.

 
Publicado el 19 Feb 2014