Artículos

SOY LO QUE SOY

SOY LO QUE SOY

 

Mi cuerpo es mío. Yo soy yo – es decir nosotras- y el misógino de Gallardón es él quiero decir  tú, quiero decir ellos y - además - la cosa va de puta pena. Décadas de razonamientos para, al final,  llegar hasta aquí.  Yo=yo se mire por donde se mire. Y sino fuera porque él, ellos no tienen ojos (y así, claro, no hay quien vea) ya se habrían dado cuenta. Esquizofrenia difusa. Disculpas a porrillo. Frases huecas: los derechos del no-nacido. Servilismo perruno. Atomización de los derechos en partículas paranoicas.

 

Cuanto más quiero ser yo/nosotras, más difícil me lo ponen. Yo paro, yo decido. Cuanto más me expreso, más me agoto.  Desgraciadamente da vértigo mirar al interlocutor a la cara. Representante democrático ¡y una mierda! Aquí todo se decide manu militari. Él- quiero decir ellos-  han lanzado un grito de guerra dirigido contra todo lo que les liga de forma invisible a nosotras, contra nuestro inalienable derecho de decidir, contra todo lo que hace que existamos como  seres humanos  y que el mundo no tenga, en todas partes, el aspecto de un laboratorio cibernético: espacio vacío, helado por el que sólo transitan los cyborgs, esos cuerpos bautizados por la Santa Iglesia Católica, esas moléculas automóviles, esos dibujos ideales.

 

Ellos, desde Wert a Gallardón pasando por Jorge Fernandez Diaz son sólo los síntomas de la terrible enfermedad democrática que nos aflige: el descreimiento. Tomadas por lo que son, sus leyes conducen al desmantelamiento de esa hipótesis que hemos dado en llamar democracia. De ahí,  nuestra resistencia en la guerra en curso, nuestra rebelión y esa erupción de energía contra todo lo que conspira para amputarnos. Nuestro derecho no es lo que está en crisis, lo que ha entrado en crisis son las formas, las diversas formas, en las que se intenta reprimirlo. Se pretende convertirnos en yoes bien delimitados, bien separados, clasificables por ideologías, separables por clase, en resumen controlables. Los  muy ignorantes no se han enterado todavía: las mujeres - aquí y en Constantinopla - formamos un sólo cuerpo místico, carne viva tejiendo la carne del mundo. Nuestra rebelión y nuestro cansancio sólo son problemas desde el punto de vista de quien quiere someternos. Así que no, no estamos desorientadas ni  agotadas,  estamos en pie de guerra.

 

 
Publicado el 19 Feb 2014