Biografía

Imagen biografía Pilar SalamancaImagen biografía Pilar SalamancaImagen biografía Pilar SalamancaImagen biografía Pilar SalamancaImagen biografía Pilar Salamanca

La cronología aparentemente desordenada de estos datos biográficos tal vez requiera una explicación. La explicación, me temo está en la Literatura. Mi biografía contiene una serie de chispas, o tal vez saltos que en realidad se produjeron casi al mismo tiempo, o más bien uno detrás de otro, hacia el final de la adolescencia. Sin embargo dicen que desde el punto de vista deportivo - y también artístico - los saltos no suelen darse tan seguidos sino más bien espaciados de manera que cada uno de ellos por separado produzca el máximo efecto. Así que para intentar explicarlo no puedo dar cuenta de mi vida de una manera directa por lo que he prescindido de seguir un orden cronológico y adoptado el método de excavar aquí y allá intentando descubrir con cada golpe de azada alguna cosa más o menos nueva bajo la faz de esa tierra que soy yo. Mirando los resultados con la mayor objetividad posible - que no es mucha - creo haber conseguido que esta narración no resulte demasiado confusa. Nací un día de Octubre de hace unos cuantos años en Valladolid, una ciudad de provincias que por entonces - igual que ahora - tenía muchas pretensiones y algún encanto. Ahora creo que eso fue lo mejor que me paso - me refiero a nacer - hasta que pude regresar a ella ya con diecisiete. Entonces empecé a estudiar Filosofía y Letras que por entonces era, o al menos en mi caso, lo máximo a lo que podía aspirar una señorita de buena familia en materia de formación académica. De aquellos años, si he de ser sincera, lo recuerdo todo gris: Valladolid era gris... Y su Universidad también: gris su fachada y el aire de sus pasillos, gris la caspa de algunos de sus profesores y el paño gris del capote de los grises que - de vez en cuando - intentaban zurrarnos la badana, gris la Catedral y la Semana Santa, la moda y todo lo demás: gris, nada más que gris.

Por diversas razones tuve que guardar cama algunos de los años más importantes de mi infancia y para no aburrirme leía como una posesa; Así fueron cayeron del primer tomo hasta el último (XXI) de la enciclopedia UNIVERSITAS de mi padre y así me enteré de quién era Cleopatra y también Antígona, Margarita la de Fausto y la Julieta de Romeo y - sobre todo - Teresa de Jesús. Y - me perdonareis la vanidad - pero creo que fue entonces cuando cogí la manía de querer parecerme un poco a todas ellas pero sobre todo a Teresa - en mi época mística - y a Antígona - en mi época reivindicativa que de todo hubo. Ni entonces - cuando niña - ni después de adolescente fui de relacionarme mucho con otras chicas. Las conocía sí, pero sólo superficialmente de manera que mi mundo, aparte de solitario, siguió siendo siempre un poco literario y muy poco convencional en el sentido clásico (detesté siempre las historias de niñas modélicas, las muñecas, los chicos con corbata. A mí las niñas buenas siempre me parecieron - no sé si justa o injustamente - subnormales y bastante hipócritas. Me iba más Salgari y años después - en la Universidad - Cortazar o Simone de Beauvoir. (Todo un descubrimiento) Fedra y las tragedias griegas cuyo sentido, probablemente no alcanzaba a entender del todo - y maldito que me importaba - porque lo que de verdad me gustaba era principalmente la música de aquellas hermosas palabras que me hicieron amar primero el griego y de paso, al Profesor Lérida que era - es - el único maestro que pude encontrar en esta o ninguna Universidad de las que fui conociendo a lo largo de mi vida. En seguida, y como un mono de imitación, tuve la ocurrencia de ponerme a escribir, de creer que también yo podía dedicarme a esa hermosa tarea: la tarea de crear con palabras pequeños o grandes mundos más interesantes que el mío menos rutinarios menos aburridos menos previsibles más reales... 

Y me puse a escribir pequeños relatos en un estilo informe pero que ya eran, en cuanto al ritmo o al movimiento algo que presagiaba el estilo - más o menos personal - que yo andaba buscando. Quiero pensar que a través de la vida - todavía tengo tiempo - ese estilo mejorará, se irá desprendiendo de la “ganga” y encontrara su verdadero cauce.

...resumiendo: de estas primeras tentativas salieron los primeros relatos publicados en periódicos o revistas y algunos premios: A CONTRAPELO Premio del Diario Pueblo 1969; PETER (1970) Accesit de un Certamen Internacional de Cuentos en la Caja de Ahorros de Valladolid;TANGO BAR publicado en el número 21 de Fablas, una revista de las Palmas de Gran Canaria; CRÓNICA INTERRUMPIDA DE UNA MUERTE TRIVIAL(1983) Primer premio de la revista “Los Infolios” de Valladolid; UN CULO PINTADO DE ROJO, que salió en Llanuras (el número no me acuerdo ) una revista Literaria de la Diputación de Valladolid; DE MUJER A MUJER, Premio Miguel de Unamuno 1985; DE UNA SUBSTANCIA MÁS NEBULOSA QUE LA LOCURA, Premio Jauja 1986; y algún otro.

Hacia 1970 - creo - y gracias a la amistad que mis padres mantuvieron de jóvenes con Delibes, empecé a colaborar con el Norte de Castilla en una sección llamada ANCHA ES CASTILLA... lo pasaba de miedo así que decidí aprender un poco más del oficio y me matriculé en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid (todavía no se habían inventado la facultad) y al cabo de los cuatro años correspondientes conseguí el título.
Fue por entonces cuando empecé a leer a los rusos Dostoievski, Tolstoi y Mann y también un poco de Proust (que no me gustaba demasiado) y de Joyce (que me entusiasmaba) y ¡claro! De Faulkner, Cortázar y el realismo mágico…en fin…todo lo que caía en mis manos. El inconveniente de ese desorden grandioso es que empezó a desanimarme: comprendí que nunca sería capaz de alcanzar semejantes alturas…así que lo dejé, dejé de escribir; y enseguida - estaba en la edad - me enamoré locamente que es por cierto la única manera que una tiene de hacer ese tipo de cosas. Después de algunos avatares escapé de mi casa y me fui a vivir con mi chico algo que, en aquella época y sobre todo en familias como la mía, se consideraba como un pecado mortal de necesidad.
En fin, lo cierto es que con unas cosas y otras no tenía tiempo para otra cosa que no fuese vivir e intentar ganarme la vida... dando clases en colegios privados y en algún Instituto. Cuando nació nuestro primer hijo decidimos marcharnos a estudiar a Londres. Íbamos... a pelo es decir, sin un duro ni becas ni nada (no las había)... nos las arreglamos con unos ahorrillos y un pequeño préstamo que conseguimos del Ministerio de no me acuerdo qué. En London pasamos un año. Allí ganaba algunas libras que me servían para pagar la guardería trabajando como traductora de español en la BBC de Londres y, de paso, enviaba - una vez a la semana - artículos al Norte de Castilla, contando mis historietas: LONDRES A VISTA DE PÁJARA se llamaba la sección. Por lo visto las tales historietas les parecieron graciosas y nada más regresar me aceptaron como colaboradora con sueldo fijo (y raquítico) en la vieja redacción de Duque de la Victoria. Por primera vez en mi vida empecé a pensar que yo también era alguien por la sola razón de que era periodista. Cuando realizaba algún encargo o creía que una entrevista o artículo me habían salido razonablemente bien me decía: "Estupendo ¿lo ves? En el fondo eres especial aunque nadie te lo diga o ni siquiera lo sospeche”. Y con ese nadie me refiero por supuesto al resto del mundo, incluida mi familia que seguía - por lo visto - sin enterarse de nada. Lo dicho, no sé cómo pero lo cierto es que me las arreglé siempre para mantener a salvo una extraña certeza, una vaga idea que consistía en creer que en este mundo y si yo verdaderamente quería… también podía.
Trabajé tres años en el periódico y después decidí dejarlo por incompatibilidades familiares. Además me aburría como una ostra en los Plenos del Ayuntamiento o en las reuniones de vecinos (que era lo que me tocaba hacer) y como me convencí de que nunca iban a pagarme por convertirme en Miguel de la Cuadra Salcedo (que por aquel lejano entonces acababa de regresar de la Amazonia) me puse a preparar unas oposiciones de Inglés a cátedras de Instituto (entonces se llamaban así) y las aprobé de manera que pasé los siguientes treinta años de mi vida dando clases y preguntándome a dónde demonios habrían ido a parar mis sueños de aventuras pillada como estaba entre las clases, los chicos (para entonces había nacido ya el segundo) y, por supuesto, el sueldo fijo.
Mis aventuras más notables de esta época fueron - digamos - estrictamente de tipo profesional: por amor… (¿Por qué si no?) me puse a estudiar árabe y saqué una nueva licenciatura: Filología Árabe (UAM 1980-1985); en 1995 leí mi tesis doctoral en la Universidad de Salamanca (Estudio y Sistematización del Léxico de Origen Árabe en el Oxford English Dictionary) y… entonces sí, entonces me di cuenta de que si había sido capaz de hacer una tesis (antes de empezar no imaginaba de ningún modo lo que podía ser eso ni por qué medios conseguiría terminarla o ni siquiera si conseguiría aprobarla) también sería capaz de cualquier cosa que me propusiese por ejemplo, escribir; dicho de otra manera: me convencí por fin de que podía hacer lo que me diese la gana.
Empecé a publicar. Primero traducciones de poetas irlandeses: Pearse Hutchinson: 1994 El alma que besó al cuerpo y Eavan Boland 1997 En un tiempo de violencia (las dos en Hiperión). En 1998 aparecería mi primer libro, los poemas de QASIDAen la Editorial Torremozas y casi al mismo tiempo mis dos primeras novelas: A CAPELLA (Ed. del Curueño. León 1999) y ENAGUAS DE COLOR SALMON Premio Fray Luis de León 1999.
Entré en el Siglo Veintiuno - el de verdad no la Editorial - como una bala y aunque seguía dando clases en el Instituto se me habían acabado las ganas: durante los últimos diez años que pasé dando clase dediqué la mayor parte de mi tiempo libre a escribir - sobre todo novela - y las pocas fuerzas que me quedaban, intentando publicarlas. El método siempre era (es) el mismo: envío la novela a alguna (o a muchas) pequeñas editoriales al mismo tiempo y después me quedo esperando un rato (largo) pues los editores no saben” y ¡además!... no contestan; cuando me canso de esperar, vuelvo a enviarlas pero esta vez a alguno de los muchos concursos que por suerte se convocan en nuestro país. De esta manera han ido saliendo todas: A CAPELLA: 1999 EDITADA POR Ed. del Curueño, León; A CIELO ABIERTO (Premio de Narrativa Blasco Ibáñez de la Ciudad de Valencia 2000); LA ISLA MÓVIL, 2005 (Editorial Bassarai, Vitoria) Premio Racimo de la Fundación Serrada Blanco Arte; CRÁTER en la misma editorial (2007) Premio de Narrativa “Miguel Delibes” 2008; LOS AÑOS EQUIVOCADOS Premio Ciudad de Salamanca en el 2009 y ¡por fin! SOÑAR CON BALLENAS que saldrá uno de estos días en la editorial Menos Cuarto, Palencia. Sé que cuando la tenga entre mis manos no volveré a leerla y de alguna manera dejaré de sentirla mía pero curiosamente, y después de publicar seis novelas, seguiré experimentando el mismo asombro, la misma alegría y el mismo agradecimiento que experimenté al ver publicado con mi primer cuento y también… unas enormes ganas de cantar. 

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